San Pablo nos dice que el verdadero adorador, es aquél que le entrega a Dios "su propia vida como ofrenda agradable a Dios". Así como Cristo lo fue para el Padre cuando este se entregó por nosotros, para obtener el perdón de todos nuestros pecados. Si le da tu vida a Dios, no le estás dando mucho, le estás danto TODO, y Dios lo pide todo! (Romanos 12,1)