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Astolfo Romero - Rios De Fé

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Descripción

**** HISTORIA DE LA DIVINA PASTORA DE BARQUISIMETO*****
La imagen de la Divina Pastora, Patrona del estado Lara, se encuentra en la iglesia de Santa Rosa, pueblo cercano a Barquisimeto. Los larenses la veneran con especial cariño y devoción.
El comienzo de la veneración por la Divina Pastora se remonta al año de 1736, fecha en que el párroco de Santa Rosa encargó a un famoso escultor que le hiciera una estatua de la Inmaculada Concepción. No obstante, por una extraña equivocación, en lugar de la Inmaculada, llegó al pueblo la imagen de la Divina Pastora. De inmediato el párroco quiso devolverla, pero por mucho que lo intentaron, no pudieron levantar el cajón donde habían colocado la imagen. A partir de este momento la población interpretó este raro acontecimiento como señal de que la Divina Pastora quería quedarse entre ellos. Posteriormente, durante los sucesos del terremoto de 1812, el templo donde se veneraba la Divina Pastora fue destruido, pero su imagen quedó milagrosamente intacta, hecho que reforzó la creencia de los fieles de Santa Rosa de que la Virgen quería quedarse siempre entre ellos para protegerlos.
En 1835 el presbítero José Macario Yépez, fue designado Vicario Foráneo de Barquisimeto. Dos años después fue nombrado Cura Interino de la iglesia Inmaculada Concepción y al poco tiempo, paso a ser el párroco responsable del acontecer eclesiástico de toda la parroquia. Fue un vicario que, ademas del ejercicio dinámico de sus funciones, tuvo una dilatada y conocida trayectoria publica, por lo que supo ganarse el respeto y el aprecio de todos los estratos sociales de la colectividad barquisimetana.

En 1856 llego a Barquisimeto la epidemia de cólera que azotaba el país. Como el contagio y el numero de fallecidos aumentaba cada día, el padre Yépez decidió enfrentarla, convocando el 14 de Enero de ese mismo año a una rogativa en el sitio de Tierritas Blancas, donde habían colocado días antes, para la protección de los pobladores, una Cruz Salvadora. Impartió instrucciones para que se hicieran las gestiones necesarias, con el fin de traer al sitio la imagen de la Divina Pastora desde Santa Rosa y la del Nazareno desde la iglesia de la Concepción. Buscaba realzar la rogativa, promoviendo el encuentro de ambas imágenes ante la Cruz Salvadora. El Nazareno llego primero y la gente, de rodillas, espero pacientemente la llegada de la Divina Pastora. El padre Yépez, acompañado del presbítero José Maria Raldiriz, su amigo y colaborador mas inmediato, presidio la ceremonia mientras los feligreses oraban, implorando el cese del a epidemia. Dicen que a partir de ese día la epidemia comenzó a perder su intensidad y hubo menos victimas. Culmino la ceremonia ante la Cruz Salvadora y la imagen sagrada no regreso a su iglesia, sino que fue llevada a la iglesia Concepción, donde fue recibida por el Padre Yépez quien había ofrecido dar una platica para concluir a lo grande la rogativa. Sus palabras resonaban en la iglesia, suplicando la ayuda celestial y exhortando a los fieles a que acudiesen confiadamente ante la Divina Pastora para implorar su amparo y protección, cuando de repente, en mitad de su discurso, el sacerdote cayo de rodillas ante la imagen de la Divina Pastora y con los brazos en cruz, ofreció su vida para que la epidemia tocara su fin, exclamando: "Virgen Santísima, Divina Pastora, en aras de la Justicia Divina, por el bien y salvación de este pueblo te ofrezco mi vida. Madre mía, Divina Pastora, por los dolores que experimento tu divino corazón, cuando recibiste en tus brazos a tu Santísimo Hijo en la bajada de la Cruz, te suplico Madre Mía, que salves a este pueblo, ¡Que sea yo la ultima victima del cólera"

La epidemia efectivamente termino, gracias a la intercesión milagrosa de la Divina Pastora y que el padre Yépez, al morir el 16 de junio de 1.856, se convirtió en la ultima victima del cólera. Fue así como quedo determinado que José Macario Yépez ofreció su vida el 14 de enero de 1.856, en un sacrificio pleno de bondad y entrega, para salvar la ciudad de la epidemia de cólera. Esa es la tradición que perdurado hasta el presente, grabada en la memoria colectiva de los barquisimetanos.

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